Esquina del Clero
Porque mi yugo está sencillo, y mi carga, ligera1
Por el Padre Tom Lam, Septiembre, 2010

No sé ustedes pero cada vez que escucho la lectura del Evangelio
que nos promete que Su yugo está sencillo y Su carga ligera, me
siento algo escéptico. No lo tomen a mal, yo si creo a Jesús
cuando lo dice. Sin embargo, no estoy seguro de lo que
significa, porque en mi experiencia, cuando me encuentro en
dificultades o en presencia de enfermedades en otros hermanos,
la carga no me parece fácil o ligera.
La verdad es que para experimentar con este yugo o carga que
Jesús nos promete, tenemos primero que hacer algo. El mejor
ejemplo que me viene a la mente es una experiencia que muchos de
ustedes han experimentado – el ejercicio de dividirnos en
pequeños grupos digamos de diez individuos (personas) y cada
persona turnándose se deja caer de espaldas libremente para
recurrir al resto del grupo a que le ofrezcan apoyo y lo salven
de hacerse daño.
Yo mismo lo he hecho una sola vez. Ocurrió cuando estaba en la
universidad. Yo era el asistente en residencia o “RA”, una de
esas personas que se encargan de disciplinar y aconsejar a los
residentes de un piso de los muchos dormitorios en la
Universidad de Texas. Cada año académico, todos los asistentes
en residencia tienen que llegar al Campus una semana antes que
el resto de estudiantes
para nuestro entrenamiento y para conocer a los otros
asistentes con quienes vamos a trabajar en los dormitorios. Y
para promover la confianza entre los miembros del equipo,
realizamos este ejercicio de dejarnos caer y recurrir y permitir
que el resto del equipo nos apoye e impida que nos hagamos daño.
Debo admitir que no fue tan malo excepto por el segundo y medio
que tomaba la caída, aunque sabía que el resto del equipo estaba
allí listo para sostenerme a pesar de todo. Y me sorprendió con
qué facilidad me llevaban luego en contraposición de lo que yo
pensaba que mi peso seria mayor de lo que en realidad resulto
ser.
Si lo piensan bien, nosotros experimentamos dolor tanto en
nuestra alma como en nuestro cuerpo. Cuando experimentamos
miedo, nuestro cuerpo tiembla, pero nuestra alma (espíritu)
experimenta miedo y dudas. Y cuando estamos enfermos o
sobrecargados, nuestro cuerpo siente los síntomas dolorosos,
pero es nuestra alma la que experimenta el sufrimiento más
profundo de angustia y
desesperación. Y es esta carga en nuestra alma la que
nuestro Señor desea hacer ligera para nosotros.
Pero como lo dije anteriormente tenemos que hacer algo primero.
Y ese algo es el equivalente, en nuestra alma, a caerse de
espaldas, o a separarnos de nosotros mismos, o como sea que
queremos llamar al proceso de desprendernos de cualquier
dependencia y poner nuestra
confianza enteramente
en Dios. Es entonces que Cristo puede ser nuestra
“entera confianza”.
El alma no puede experimentar la fuerza y poderío del deseo de
Dios hasta que no se pone en sus providenciales manos pasando la
carga y el peso total sobre El, quien sólo puede soportar
nuestra carga. Eso representa cuando tenemos esa experiencia, el
yugo ligero y flexible y la carga fácil prometidos a todo el que
confía en El.
1Matthew 11:28-30
“Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve desnudo y me vistieron; enfermo y fueron a visitarme; encarcelado y me fueron a ver.” Mateo 25:35-36


